Según la teoría del
aprendizaje social, la posibilidad de que ocurra una conducta dada en una
situación particular está determinada por dos variables: la apreciación
subjetiva de la probabilidad de que se refuerce la conducta en cuestión y el
valor de refuerzo para el sujeto.
Albert Bandura centra los procesos de aprendizaje en la
observación. La imitación es un aspecto
esencial del aprendizaje. La provisión de modelos sociales puede acortar
considerablemente el proceso de adquisición. Puede haber aprendizaje por
observación de la conducta de otros, incluso cuando el observador no reproduce
las respuestas del modelo durante la adquisición y, por tanto, no recibe
refuerzo.
Bandura admite que cuando aprendemos estamos
ligados a ciertos procesos de condicionamiento y refuerzo positivo o negativo.
Del mismo modo, reconoce que no puede entenderse nuestro comportamiento si no
tomamos en consideración los aspectos de nuestro entorno que nos están
influyendo a modo de presiones externas, tal y como dirían los conductistas. Frecuentemente
el modelo recompensa la conducta imitada. Como más rápidamente se adquieren
las pautas de conducta social es mediante la influencia combinada de los
modelos y del refuerzo diferencial.
El refuerzo continuo tiene
como resultado una adquisición más rápida de las respuestas, pero, una vez
aprendida, la conducta es más estable y resistente a la extinción cuando se ha
adquirido sobre un programa intermitente.
Las pautas de conducta
aprendidas tienden a generalizarse a situaciones distintas de aquellas en que
se aprendieron, estando el grado de generalización en función del
parecido entre la situación original de aprendizaje y el nuevo grupo de señales
de estimulación. El aprendizaje social efectivo requiere tanto una
generalización adecuada como finas discriminaciones. La instrucción social
eficaz implica el establecimiento de finas discriminaciones. Los procedimientos
de refuerzo son más eficaces cuando el agente de refuerzo es una persona con
mucho prestigio. Además un esfuerzo es más eficaz si representan un tipo de
fenómenos que se valora mucho.
La eficacia de un refuerzo
para modificar la conducta de un individuo dado varía de vez en cuando; aumenta
si el individuo ha estado privado de refuerzos durante algún tiempo, la
privación puede también tener como resultado un incremento de la conducta
imitativa.
En el caso de los
refuerzos sociales, los efectos aparente de la privación y de la saciación se
deben probablemente a la aparición de respuestas condicionadas emocionales,
aprendidas en virtud de la pasada asociación del malestar fisiológico y el
dolor con la ausencia de figuras protectoras o con una prolongada interacción
social seguida de fatiga. La eficacia de los procedimientos de influencia
social es mayor si los observadores o receptores de los refuerzos sociales
están emocionalmente excitados.
Buena parte de la instrucción
social implica también la supresión o inhibición de respuestas. Muchos
de los cambios deseados se logran mediante un refuerzo social diferencial, que
implica recompensar la conducta apropiada desde el punto de vista social. En el
aprendizaje social, el castigo se utiliza más para inhibir respuestas que el
niño ha adquirido que para producir respuestas de evitación a estímulos-señales
situacionales.
La confiscación activa de
privilegios se combina, casi siempre, son el castigo verbal o físico: por ello
es fácil que produzca los efectos secundarios asociados con los procedimientos
de instrucción aversivos. En cambio, la eliminación de refuerzos positivos no
tiene por qué tener ninguna de esas desventajas.
Aunque el desarrollo
intelectual se puede modificar fácilmente manipulando el medio (Hunt, 1961), no
hay duda de que los factores genéticos imponen ciertos límites al desarrollo de
las capacidades intelectuales del individuo, con lo que determinan la
proporción relativa de experiencias de éxitos y fracaso que recibe,
especialmente en las sociedad que acentúan la educación formal.
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